Dejando Huella

FERDE GROFE
El cineasta que se enamoró de Villa de Leyva

Por aquellas vueltas que da la vida, Ferde Grofe fue invitado por el aquel entonces Gerente Ejecutivo de Punch Ltda. a pasar una noche en Villa de Leyva, en compañía de su esposa colombiana Constanza Gómez en el año de 1968. Y bastó esa noche mágica vivida en la Villa, para enamorar a este cineasta, hasta el punto de realizar “su” película personal viviendo la mitad de su vida en este pueblo.
Para ese entonces Grofe ya era un cieneasta reconocido en su país y dominaba exitosamente el séptimo arte. Hijo de un famoso y reconocido compositor musical en los Estados Unidos, desde su niñez se inclinó hacia las artes dramáticas contando con la comprensión y apoyo de su familia, haciendo del cine la pasión de su vida y el oficio para su proyecto de vida.
En el mismo año de su visita a Villa de Leyva elaboró un guión y se “inventó” un proyecto cinematográfico para realizarlo en los escenarios locales. Y con el espíritu ejecutivo que siempre lo ha caracterizado filmó en tiempo record la película “Malditos, orgullosos y Muertos…?”.
Esta experiencia le pareció maravillosa. La mayoría de su equipo lo conformaron villaleyvanos a quienes recuerda como los mejores trabajadores del mundo. Personajes como Mario Morales, Luis Martinez, Alfonso (Poncho) Prieto y Pedro Velandia, son recordados con aprecio por Grofe, como sus asistentes y colaboradores más cercanos. Así Villa de Leyva comenzó a perfilarse como un escenario interesante para el cine mundial. Más adelante realizó una serie de cortometrajes sobre las iglesias coloniales Boyacenceses.
Con esta experiencia exitosa, decidió fundar casa en Villa de Leyva y desde entonces la mitad de su tiempo anual (la otra mitad está en los EEUU) lo disfruta en compañía de su esposa en “La Querencia”, nombre de su casona.
La hoja de vida de este famoso es impresionante. Ha sido escritor, productor y director de más de 14 exitosas películas filmadas alrededor del mundo. Ha recibido varios premios internacionales entre los cuales se destacan el Riquelme de Plata del festival de Bilbao (1964), Week of Asian Film- Frankfurt, Internacional Film Festival (Manila), The Goleen Quill (Aviation Writers Association), The “Telly”(Mejor Documental-1994). También ha sido jurado en varios certámenes internacionales.
Pero el cine no sólo ha sido su actividad, ha elaborado más de 100 documentales y cortometrajes para importantes programas, tales como Time Magazine, Rearders Digest (Selecciones), A&E Cable Televisión, The History Channel, Vid America and Columbia House.
Además ha recibido los más importantes premios y reconocimientos por su trabajo tanto en los Estados Unidos como en varias partes del mundo y pertenece al las más reconocidas asociaciones de escritores y cineastas del mundo.
El contraste con su sencillez es evidente cuando lo encontramos de cuando en cuando tomando un café en el pueblo o caminando por los senderos soleados de la Villa, con su porte de aventurero e intelectual. Sin embargo cuando nos acercamos y tenemos la oportunidad de conversar con él, sorprende su información sobre las cosas, sucesos y personas de la Villa.
En sus cuarenta años por estas tierras ha visto correr mucha agua debajo de los puentes, ha aprendido a querer esta tierra y a sus gentes para desear y dar lo mejor de sí a sus habitantes. Entonces aflora su sentido crítico y con vehemencia opina sobre el pasado, presente y futuro de Villa de Leyva, presintiendo esa vocación de grandeza de la Villa, manifestando su preocupación sobre cómo vamos a conservar entre todos la “majestuosidad” de su arquitectura, la frescura y verdor de sus campos, el calor y originalidad de sus campesinos, su magia y su misterio.

Con su vigorosa madurez piensa realizar varios proyectos, entre otros filmar otra película en estos prodigiosos escenarios. Ya casi tiene listo el guión y está a la espera de conseguir los recursos y la financiación necesaria para ello. Lo que más lo entusiasma es contar con esos trabajadores que para él son los villaleyvanos.

MELCO CORTEZ
Juglar, poeta y lider popular

A sus 86 años Don Melco mira hacia el pasado y le parece que han transcurrido más rápido de lo previsto, Y se lamenta de no poder condensar en sus escritos todas esas experiencias y vivencias que hicieron su vida única e irrepetible.
Nacío en la vereda El salto y la Lavandera en el occidente del municipio de Villa de Leyva y desde muy niño como todos los de su época, el campo y sus labores fueron parte del diario vivir. Durante ese tiempo aprende todos los secretos de los negocios campesinos, al lado de su padre. A los 22 años se casa con Doña Josefina Páez con quien tuvo siete hijos y con quien “gracias a Dios” comparte éstos sus últimos años de vida.
Desde siempre el arte y las letras acompañaron a Don Melco. En compañía de su esposa se dedicaban al canto y la danza, cualidades que demostrarían en las reuniones familiares. En compañía de sus amigos y representando al municipio en las festividades regionales y departamentales con su talento y alegría campesina. Esta vena artística la transmitirían a sus hijos quienes en la actualidad son compositores e intérpretes reconocidos a nivel departamental, nacional e internacional. Esa disposición festiva y lúdica les ha permitido a la pareja fundamentar una relación que no se añeja con el paso de los años y una fuerte unión que ha soportado todas las dificultades de la vida.
El fuerte y libertario carácter de Don Melco le trajo también serias dificultades, especialmente en la época de la violencia, debido a sus ideales liberales y a su reconocido liderazgo en la comunidad villaleyvana.
Se desempeñó como funcionario de la Secretaría de Agricultura del Departamento y en el Sena. Entre sus responsabilidades de liderazgo le correspondieron los de presidir la primera Junta de Acción Central de Villa de Leyva, la Presidencia de la Asociación Nacional Campesina, Capítulo Boyacá, cinco veces fue Consejal de Villa de Leyva, Secretario del Sindicato del Sena, Alcalde de Siachoque y Toguí, Inspector de Policía en Sáchica y Sutamarchán.
En su memoria tiene muy presente el empedrado de la Plaza Mayor de Villa de Leyva por mandato del Alcalde el Sargento Parra, tarea grandiosa (14.600m2) que ocupó a todos los habitantes del municipio. Recuerda también como se organizó en ese tiempo la recolección y disposición de las basuras, el ordenamiento del pueblo que hasta ese entonces se encontraba olvidado y en un desorden total. También recuerda a esos grandes personajes de su época, Don Felipe Sanchez, Roque Forero (padre), Luis A. Suárez, Pío Amador con quienes solicitaron al Gobierno Central el Alcalde Parra. Además A Don Luís Morales Barrera, Los Francos, Los Buitrago, Los Aguazacos, Los Velásquez Cortez, los Rodríguez Ropero, los Amador, los Madero, familias raizales de la Villa.
Su actividad más querida y personal fue la poesía y la recolección de datos históricos de Villa de Leyva, labores que desarrolló durante toda su vida, recopilando 260 poemas, coplas y acrósticos signados por un profundo amor a su terruño y alabando las tradiciones y costumbres de su pueblo. Algunos de estos escritos se resumen en el libro “Remembranzas de Villa de mi Tierra”. Su obra histórica se encuentra organizada en el libro inédito “Villa de Leyva y sus Divisiones Huellas del Pasado”.
Otra de sus ocupaciones en sus ratos libres fue la recolección de fósiles y vestigios indígenas, colección que lamentablemente fue entregada al padre Huertas sin que hasta el momento se sepa nada de ella. En esta colección según Don Melco, se hallaban más de catorce cráneos de animales antidiluvianos y numerosas muestras de plantas, peces fosilizados, abejas y libélulas gigantes.
Hoy, adoleciendo de los males propios de la edad adulta, Don Melco mira hacia atrás y contempla su vida, sus hijos, nietos y biznietos, a sus amigos que ya lo han dejado atrás, a sus enemigos y contradictores a quien perdona, a su amada Villa de leyva que se debate para no despersonalizarse en la modernidad y su mirada cansada reconoce que no fueron en vano sus afanes y sus luchas y que de alguna manera en sus poemas y sus trovas, quedarán las huellas de un pasado que siempre deberán recordar las generaciones de villaleyvanos.

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